No-Dualidad
Noches de jardín Zaragoza / 2659-7578
Noches de jardín

No-Dualidad

Esta reflexión viene a raíz de un texto “Del Tao a Mao” de Luis Racionero en la revista "Triunfo" en los años 70. Este escritor fue un cercano estudioso de la cultura y filosofía oriental, especialmente de la china.

Eduardo Esteban | 11 sep 2022


    Nos encontramos en un momento en el que la evolución histórica del hombre se ha dirigido (con posterioridad a las ideas antropomorfistas) al individualismo. En uno de sus múltiples efectos, esto puede haber fomentado, por un lado, el cultivo del ego y la atomización de los individuos, y, por el otro, su separación con el entorno y su realidad natural. En el primer caso, esa exacerbación del yo puede generar un concepto de identidad y crear liderazgos pero también el comienzo de una división, una polarización y un posible futuro conflicto. En el segundo caso, esa separación del entorno (ya de por sí con el cuerpo como frontera natural) nos escinde de nuestra realidad y nos “amputa” zonas-fuentes de conocimiento al no contemplar ni integrarnos con la Naturaleza al potenciarnos dentro de una “muralla interior”. Con el añadido de que es más posible el desacuerdo entre nosotros mismos al poder entrar en colisión nuestra mente y cuerpo. Decía el filósofo Alan Watts (estudioso de la filosofía oriental) que el yo es un engaño y que no termina en el cuerpo y que va más allá del ego. Así, el ego alimentado durante tiempo sería un obstáculo para sacar lo mejor de nosotros mismos. Por lo tanto, deberíamos buscar menos conflicto, dar cabida a lo que nos rodea, más contemplación-espiritualidad para trascender, integrarse y dar más posibilidad a aumentar el conocimiento y la paz interior.

    Siguiendo con la división, otro tipo viene dado por la división de extremos, que procede, por ejemplo, del contexto de la tradición judeo-cristiana (del Bien y el Mal, del cuerpo y el espíritu, del creador y la creación); del cine, la literatura y el arte (el bueno y el malo, el rico y el pobre, del contraste), de la línea pensadora aristotélica que dice que “es imposible que un mismo atributo se dé y no se dé a la vez en un mismo sujeto, o que una misma cosa sea y no sea”; del simplificar con argumentos manidos (con etiquetas-fetiches en la rivalidad deportiva o política, bien por intereses, falta de tiempo…).  Vemos, por tanto, que el concepto genérico de división-conflicto puede surgir también como resultado de dos categorías excluyentes planteadas, y que esto puede dar también rentabilidad económica (a los medios de comunicación, a las empresas de armamento,etc…).

    Observamos también que el miedo (al reprimir ansias de trascender esa polaridad) y la comodidad (para no reflexionar y aplicar un cierto pensamiento crítico, todo ello lleva su tiempo) frenan la necesidad de buscar grises y no tomar una postura única…

Todo ello nos hace plantear que la cultura de la división y del conflicto viene estando asentada (y se nos obliga a tomar partido por uno u otro necesariamente) desde hace tiempo y asumida (especialmente en tradiciones occidentales) como producto de dos extremos diferentes, separados (al margen de la distinta consideración moral de ambos). Se tiende a pensar incluso que es posible buscar éxitos sin fracasos, ascensos sin descensos, vida-renovación sin muerte o palabras sin silencios, como si quisiésemos una mitad y pudiésemos negar u obviar la otra…

    Y abstrayendo, la división sería un tipo de separación, como la del yo con el exterior del cuerpo y la Naturaleza, como decíamos antes. De hecho, esa cultura de la separación, compartimentación, se aprecia en aspectos esenciales como la Enseñanza Secundaria y sus asignaturas en Educación (con la dificultad de trabajar con proyectos integrados interdisciplinares), Sanidad (con sus distintas especialidades analizando su propio “aparato-micromundo” al analizar un paciente, echando de menos quizás un análisis-estudio-visión más holística e  integradora como corresponde a un interior del cuerpo humano que funciona como un todo).

    Frente a la cultura del individualismo, de la separación y de la división, podrían plantearse visiones diferentes, una cultura-filosofía integradora, holística, que haga “salir” al yo del cuerpo y pueda armonizarse con su exterior y la Naturaleza, y que no categorice varias categorías aparentemente tan diferentes. Por ejemplo, cuando un asunto se plantea exclusivamente entre dos opciones, si reflexionamos podemos ver la cantidad de matices y grises que pueden haber, con ambos “extremos” formando parte también de esa realidad y que conformarían un todo, así se rebajaría el conflicto y se disolvería la tensión de estar a favor o en contra o, incluso, del bien y del mal, “huyendo” de posiciones enfrentadas, buscando asimismo una concordia y pacificación. Todos aportarían a ese “debate”, enriqueciendo y formando parte de esa misma unidad, pudiendo mantener buena parte de sus posiciones anteriores pero sintiéndose también partícipes de un proyecto común elaborado…

   Hay varias escuelas de pensamiento orientales (Taoísmo, Vedanta, Tantra, sobre todo la primera; también el Budismo nos plantea que el ego no nos domine) en que se plantea toda esta corriente de la integración y la no separación.

   El propio Heráclito proclamaba “la armonía en la diversidad como el arco y la lira, y la armonía del Universo y del hombre consistente en sus propias tensiones-oposiciones, que se renuevan de continuo y que nunca dejarán de existir… No habría armonía si no hubiese agudo y grave ni animales si no hubiera hembra y macho”. La dialéctica de Hegel (con su Tesis, Antítesis y Síntesis) podría entenderse como una traducción occidental de esta concepción oriental de evolución por la acción de opuestos.

    Según Lao-Tse (descrito como fundador del Taoísmo, sobre el siglo VI a.C.) el Ser y el No Ser se engendran mutuamente, sonido y tono mutuamente se enlazan, difícil y fácil se completan entre sí, largo y corto se moldean mutuamente; según Chuang-Tzu (filósofo chino del siglo IV a.C) la destrucción es construcción y la construcción es destrucción, ambas son solo uno y lo mismo. Está descrito en el Taoísmo como el Yin y el Yang (símbolo de la armonía, justo abajo en la imagen) que significan el lado oscuro y claro (respectivamente) de una montaña, estos opuestos simbolizarían las polaridades (complementarias) de la realidad: Día y Noche, Cielo y Tierra, Bien y Mal, masculino y femenino, cuerpo y espíritu, blanco o negro. Los dos círculos pequeños están blanco sobre negro y negro sobre blanco, indicando que la luz no puede vivir independientemente sin la oscuridad y viceversa, estando combinados ambos estados en un círculo-estado-unidad superior. Cada color está separado por líneas curvas que expresan estados en continuo cambio.

    Así, para estas corrientes filosóficas, estos opuestos no son duales (estados separados), sino polaridades (interdependientes y que se complementan) de una misma cosa. Uno no puede existir sin el otro y también ambos están en constante cambio. Por ejemplo, no hay noche sin día, ni femenino sin masculino, solo conozco el movimiento cuando lo comparo con el reposo y viceversa. Y si hablamos de más de dos partes, diríamos que el Universo carece de partes, en el sentido de que cada una no puede separarse del resto sin afectar plenamente a todo el conjunto o, al menos, convertirse esa parte en algo inexistente. O lo mismo con el cuerpo humano si tomamos como parte cada sistema (digestivo, circulatorio, respiratorio…), por sí solo cada uno no subsiste, pero es necesario para el funcionamiento de los demás sistemas  y del todo en conjunto.

    Yendo más allá, podríamos decir que la oposición Ser-No Ser se disuelve, pero serían nociones que son separadas por una mente humana que conceptualiza y dentro de un marco temporal finito, es decir, sujetos a convenios–cánones; pero que, si tomamos una decisión entre dos opciones aparentemente contrapuestas (y la vida es un continuo proceso de toma de decisiones),  en el fondo (aunque las consecuencias sean distintas y siempre que no supongan amenaza a la propia vida), estamos en un mismo “juego” y en un mismo proyecto-existencia vital en el que a lo largo del tiempo permanece una esencia propia (con el mismo origen y final). Con el paso del tiempo, o con la eternidad o sujetos a la lógica de continuos cambios-vaivenes en la realidad, las decisiones tomadas se perciben relativas y todo permanecería en su misma esencia, todo pasa y todo queda…

Como ejemplo, el filósofo mentado anteriormente Alan Watts en su libro Taoísmo, narra la siguiente historia del granjero chino:

    Érase una vez un granjero chino al que, en cierta ocasión, se le escapó un caballo. Esa noche acudieron los vecinos a su casa y le dijeron: "¡Qué mala suerte!", a lo que él respondió: "¿Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo?". Al día siguiente, el caballo regresó trayendo consigo siete caballos salvajes a los que se había unido. Esa noche volvieron nuevamente sus vecinos y le felicitaron, pero él replicó: "¿Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo?"

Al día siguiente, su hijo estaba tratando de domesticar uno de los caballos salvajes cuando salió despedido de la grupa y se rompió una pierna. Los vecinos regresaron entonces y dijeron: "¡Qué mala suerte!", a lo que el granjero contestó, una vez más: "¿Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo?".

Al día siguiente, llegaron los oficiales de reclutamiento en busca de jóvenes para el ejército, pero su hijo se salvó a causa de su lesión. Esa noche también llegaron los vecinos diciendo: "¡Qué bien!, ¿verdad?", a lo que el granjero dijo nuevamente: "¿Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo?".

    Como podemos observar, el fondo de esta historia va en la línea de que el proceso global de la naturaleza supone un todo integrado de gran complejidad. Por ello, es difícil decir si todo lo que ocurre en ella es completamente bueno o malo. Esto podría enlazar con frases del día a día como “No hay mal que por bien no venga” o “La vida da muchas vueltas”, y también se desprende de estas máximas un cierto relativismo.

   El ser y el no ser tienen el mismo origen pero distinto nombre, desde el no-ser contemplamos (y valoramos) su esencia (por ejemplo, algo se echa de menos cuando no está) y desde el ser, su apariencia. Por ello, habría como una fusión de toda dualidad en una unidad esencial superior (un estado de no-separación o como se dice en el pensamiento chino “Gran-Extremo”), pensando en la fusión de un dos en uno (como una metáfora del Amor) o incluso de dos a tres elementos (por interrelación de esos dos extremos creando un nuevo elemento). O también verse el dos avanzando al gran Uno o principio-origen de las cosas.

   Para finalizar un párrafo del libro clásico del Taoísmo, Tao Te Ching (El Libro del Tao y de la Naturaleza)

El Tao engendró el uno. El uno engendró el dos.
El dos engendró el tres. Y el tres engendró las diez mil cosas.
Las diez mil cosas contienen el ying e incluyen el yang.
Alcanzan la armonía combinando ambas fuerzas.

Imágenes (en orden de aparición):

https://pixabay.com/es/vectors/religi%c3%b3n-ahimsa-ahura-mazda-baha-i-2028189/

https://pixabay.com/es/illustrations/polarizaci%c3%b3n-oposici%c3%b3n-conflicto-1201698/

https://pixabay.com/es/vectors/yin-yang-asi%c3%a1tico-armon%c3%ada-s%c3%admbolo-2024615/

Temas relacionados:

tao

mao

cultura oriental

filosofía oriental

dualidad

Índice 31 dic 2023
ÍNDICE nº 5 (2023)

Equipo de redacción 31 dic 2023
Equipo de redacción nº 5 2023

De paseo por el jardín 31 dic 2023
El jardín de estar

Presentación 12 sep 2023
A la espera del amanecer

Presentación 12 sep 2019
Discurso de presentación