¿LIBRE ALBEDRÍO?
Noches de jardín

¿LIBRE ALBEDRÍO?

Nuestro matemático y ensayista filosófico, Eduardo Esteban, plantea en reflexión libre la duda metódica sobre la cuestión del libre albedrío. ¿Somos verdaderamente libres para decidir?

Eduardo Esteban | 12 sep 2021

     Se define el libre albedrío como la capacidad que tenemos para tomar decisiones y llevarlas a cabo con un cierto grado de control. ¿Somos verdaderamente libres para decidir? ¿O estaremos mediatizados por factores (que se alojen consciente o inconscientemente)? También es un tema con derivaciones religiosas relacionadas con la predestinación o con la comisión de delitos respecto a la responsabilidad-culpabilidad: si uno ha cometido un homicidio y era plenamente consciente de sus facultades a la hora de tomar esa decisión…

    Desde hace mucho tiempo tanto la filosofía, como más recientemente la neurociencia, están analizando esta cuestión. Se sabe que comportamientos, deseos, pensamientos, recuerdos y emociones nacen en lugares específicos del cerebro. Este es un órgano similar a una máquina generada para procesar información, actuar rápido y ser eficiente, y así va automatizando las respuestas que va ejerciendo el individuo. Este automatismo acercaría a un cierto determinismo a la hora de tomar decisiones futuras. Pero es verdad que a medida que se desarrolla esta capacidad va obteniendo también nuevos procesos mentales con lo que se puede dar lugar a nuevos “hábitats internos” para desarrollar nuevas o modificadas respuestas futuras a las realizadas antes (y ello nos acercaría al “libertarismo”). Esto induce a pensar que el libre albedrío estaría asociado al grado de conocimiento que vamos obteniendo por nosotros mismos y a los hábitos para cambiar nuestras propias respuestas.

    Parece que los últimos estudios científicos no son tajantes ni hacia el determinismo ni hacia el libertarismo (se estaría en un terreno intermedio “compatibilista”), si bien se inclinan (de momento) algo hacia la primera opción. Se han hecho estudios (experimentos de Libet) de los cuales se arroja que, un poco antes de ser consciente de la decisión a tomar, en el cerebro ya se ha decidido cuál va a ser dicha decisión (por la actividad de sus neuronas), aunque antes de ejecutarla habría un pequeño instante en el que podemos vetarla (o no ejecutarla).

    Es un tema que parece esencial, porque, de no existir realmente (hay pensadores como Harari que califica el libre albedrío de ilusorio, un mito procedente del cristianismo), ¿hablaríamos de que existe la libertad y autonomía humana?  ¿Se podría decir que habría libre albedrío si ante las mismas condiciones exteriores, emocionales, sociales, un día elegimos (ante el mismo estímulo) una decisión y otro día otra distinta? ¿Esto es así? ¿Se tiene suficiente control sobre uno mismo para elegir plenamente y, por tanto, depende exclusivamente de nosotros en las condiciones más objetivas posibles? En principio, existiría el concepto (al menos parcialmente) como tal, teniendo en cuenta que siempre habrá posibilidades de elegir entre algunas decisiones diferentes.

    Para llevar a cabo una decisión libre debemos ser muy cuidadosos con todo lo que nos rodea (entornos sociales, mediáticos, exceso de estimulación informativa, etc…) y tomar decisiones sin prejuicios y plenamente conscientes. En una sociedad como la actual, continuamente estimulada por nuevas Tecnologías, Redes Sociales, grandes Mass-Media, etc… resulta difícil abstraerse y poder filtrar el exceso de información que nos llega.

     Al mismo tiempo, también debemos pensar en nuestras emociones que nos pueden determinar a decidir; un ejemplo: si consumimos productos fast-food para comer, quizá no lo hacemos por decisiones muy conscientes (con toda la información recabada para tener suficiente base para decidir plenamente lo más sano para nuestra dieta), sino por un sabor que atrapa y puede rayar lo adictivo. Hay que recordar también que en estudios recientes de neurociencia se constata el gran poder de nuestras emociones básicas, incorporadas en nuestro paquete genético, y, en general, de los estados emocionales a la hora de manifestar comportamientos o decisiones de todo tipo. Aunque parecemos dejarlas de un lado, las emociones nos moldearían como individuos. Seríamos seres emocionales en los que vamos incorporando la capacidad de pensar (en lugar del humano como tradicional ser racional). Así, sería necesario para tomar decisiones de forma equilibrada, una gestión y control emocional adecuados.

                            

         Otro importante factor es el gran poder del inconsciente en nuestra actividad cerebral, mayor del que pensamos (y que refuerzan estudios recientes, hasta el punto de que sería en buena medida el motor decisor de nuestras elecciones) y sin ser “conscientes” de ello, con lo que a la hora de tomar decisiones sufrimos de libertad real de elección. De esa forma, muchas decisiones que tomamos son anteriores a que la actividad cerebral llegue al lóbulo prefrontal y no son plenamente conscientes, creyéndonos además que sí lo son…

     Como diría Spinoza, 1 creemos instintivamente que actuamos siempre por propia iniciativa y que tenemos el control de nuestros pensamientos y acciones. Eso implicaría que somos la única (o principal) y primera causa (real) de nuestras ideas y acciones. Pero esto no es así. Spinoza iba más allá y decía que si las cosas siguen un orden determinado por las leyes de la Naturaleza y de Dios, esto implicaba, por coherencia, un determinismo en nuestra toma de decisiones, luego esa libertad no sería real porque escaparía a las leyes naturales.

    En todo caso, si uno no conoce suficientemente bien (de ahí que se debe ahondar en el aprendizaje, la racionalidad y en el autoconocimiento; qué mejor decisión que poder conocernos mejor, para tener suficiente base para tomar las decisiones) las causas (la primera, las principales, cuáles, cuántas) que me hacen tomar tal o cual decisión, y además ni siquiera se es consciente de que haya más, entonces estaríamos lejos de asegurar la libertad plena de decisión. Por tanto, se va a requerir de racionalidad, lenguaje, conciencia, por lo que el libre albedrío se iría adquiriendo con aprendizaje. ¿Conoceremos así las causas reales de las decisiones que tomamos?

    En consecuencia, deberíamos potenciar el autoconocimiento (ese “conócete a ti mismo”) y conocer bien ese entorno que nos rodea y predetermina, filtrar y utilizar más la razón y poder controlar deseos y emociones.

    También debemos estar alerta ante el cada vez mayor conocimiento del comportamiento del ser humano (por ejemplo, con la ingeniería social) que puede hacer que instancias superiores nos manipulen a la hora de tomar (nosotros) decisiones que creemos objetivas pero que serían solo una respuesta a nuestra ilusión de libertad de opción y un beneficio también para dichos poderes.

    Curioso… Todo esto nos recordaría la famosa frase de Sócrates “el conocimiento os hará libres”, pensamiento en el que el conocimiento del Todo nos llevaría a evolucionar, a ser conscientes de la realidad en la que vivimos y que supondría el primer paso hacia la libertad individual y colectiva del individuo.   

    Viendo esto, y como resumen, podríamos hablar, dada la imposibilidad del libre albedrío puro, de toma de decisiones (ya sean más libres o determinadas) en la práctica…

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1https://www.bloghemia.com/2020/11/baruch-spinoza-la-ilusion-del-libre.html?fbclid=IwAR1MtXJSbiAOgRu9_Q14eTtVtkIO8dFDUuHX8oodGdJNsklIJGdlJurI7j4

Imágenes:

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Eduardo Esteban Gracia

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