DOLOR-MUERTE-PLACER
Noches de jardín

DOLOR-MUERTE-PLACER

Eduardo Esteban nos adentra de nuevo en este número en reflexiones ensayísticas sobre diversos temas filosóficos.

Eduardo Esteban | 12 sep 2021

   

     Al hilo de un curso sobre “Placer, Dolor y Muerte” celebrado el pasado mes de marzo en el Centro de Bellas Artes de Madrid por el filósofo Iván de los Ríos, surge una reflexión sobre esos significados en la filosofía occidental.

    Podría pensarse en la filosofía como un medio (terapia) para afrontar la desdicha humana, como una medicina para curar tipos de sufrimiento humano o el temor a la muerte, es decir, al servicio de convivir con el dolor y disolver la angustia.

   En primer lugar, en esta filosofía occidental, sobre la Muerte lo peor no sería ella misma, sino el conocimiento, la conciencia y la angustia que se tiene sobre la misma (tanatofobia): nuestra precariedad existencial al estar expuestos a fuerzas que no controlamos, nuestra condición de animales finitos y situacionales, la menor tolerancia a la frustración… Tener más esperanza de vida nos aferra a esta y nos aparenta menor mortalidad: el culto a la buena salud, una menor espiritualidad, no tener una buena educación para la Muerte,  su agonía asociada, el miedo a una etapa desconocida,  lo que supondría  para tus cercanos, el temor a no haber hecho en vida todo lo que uno quería… Incluso con alguna enfermedad que se asocia a la Muerte y que  resulta poco nombrable sucede lo mismo…

    Ante esta vida de animal temeroso a la Muerte-Dolor surgen estrategias de distracción (también se utilizan para ocultar nuestro sinsentido-vacío), de anestesia ante la fragilidad de nuestra existencia, por la necesidad de encontrarnos en espacios simbólicos y sociales en los que podamos crecer y encontrar protección, y que nos hagan soportable la existencia. Estas estrategias serían:  la racionalidad (Kant decía que estamos acosados pero debemos formular por la necesidad de la razón; Ortega que la vida no se deja encorsetar y que la razón tiende a apropiarse de la realidad), para Sloterdijk también la Ilustración-progreso-ciencia, la psicoterapia y el activismo,1 pero asimismo lo serían también  la religión, la nación, diversos dogmas, la raza, determinados lenguajes, los ídolos, las ideologías, dioses, un desfile de falsos absolutos y la necesidad de ficción-mitología. Todos ellos serían divertimentos, constructos sociales para dar sentido o bien esferas de inmunidad, como diría Sloterdijk.

    En esta vida optimista creada ilusoriamente (cuyo comienzo de esta visión occidental sería con Sócrates y Platón), se fortalecía el yo como una muralla y se nos derivaba al porvenir, a la espera constante, a un horizonte irreal, a una felicidad de consenso normativo ubicada siempre en el futuro, con una programación determinada de corte pulsional y volitivo que nos dotase de presunto sentido para sobrellevar la existencia y generar ilusión de permanencia e inmortalidad. Es curioso que muchos de esos constructos morales o metafísicos de Occidente se elaboran para olvidar y luego esos mismos se olvidan por tener caducidad, ergo se ahonda en el refuerzo de esos constructos como autoengaños.

     Sin embargo, no siempre ha sido así, ha habido etapas filosóficas, en la etapa helenística presocrática (con la cosmovisión arcaica y el pesimismo trágico de la poesía, con la épica de Homero…) en las que se construía un régimen vital en el que uno fuese dueño de sí mismo, se aspiraba al control, se ejercitaba la conciencia, se ejercía la razón y se distinguía lo que dependía de uno mismo y lo que no. Había una ética interior al ver lo que le rodeaba. Se basaba en la ontología del caos (con un saber trágico de la existencia con el hombre arrojado a un mundo), en la fuerza y en el pesimismo trágico. Para esta escuela la vida era dolor constante…

    Más recientemente, también Nietzsche y Schopenhauer incidían en que el dolor y el mal son necesarios para mejorar en un futuro. Ambos querían liberarnos de la falsa ilusión y del divertimento. Schopenhauer (“budista” europeo) y pesimista, contraponía a Platón y a ese optimismo, se liberaba del egocentrismo para fundirse en la totalidad del cosmos ya que el yo, tarde o temprano (decía), se vería devorado por el mundo, y ello nos conduciría a la liberación del sufrimiento. En el budismo el deseo, el apego, el ego, los celos, la ignorancia, el odio, el yo “cerrado” produce sufrimiento. Así, él propone disolverse en un yo budista, desinflar la arrogancia y compadecerse ante nuestra existencia, ante la perplejidad e incomprensión del mundo, perder el miedo, mostrar un asombro metafísico o trágico ya que el mundo no da cuenta de sí mismo. Propone, en definitiva, dejar de resistir al dolor.

    Las leyes de la existencia son relativas, no sirven para tratar de explicar la existencia misma, no se asume el optimismo de ese pensamiento occidental en el que los propios límites de la razón humana impiden explicar la totalidad de la existencia y las leyes están condicionadas al modo de proceder del sujeto. Así, el yo parece instaurarse de forma imperativa.

     Nietzsche decía que de la vida de uno no se cura pero que no habría que desperdiciarla, que había que curarse de la falsa opinión (por la imperativa racionalización de la existencia) y de la falsa vida. Proponía una fuerza mayor, la alegría paradójica ante una existencia dolorosa (unida a su fugacidad) y ante nuestros límites, nuestro saber trágico por lo limitado y lo que muere. Promulgaba un placer no frugal sino un placer con ausencia de dolor, gobernando las pasiones,  por existir, por un estado de paz espiritual y serenidad, y de afirmación plena  de la existencia (no ilusoria). Era partidario de poder construir una vida que valiese la pena ser vivida tras saber que detrás estaba lo plúmbeo y el vacío (sin ser nihilismo pleno o resignación). Notaba una obsesión por la muerte (por el miedo a desaparecer) en la metafísica occidental y sostenía que cuanta más sabiduría en una sociedad, menos ocupación-preocupación habría por la Muerte. Para él la lógica occidental es enfermiza, temerosa de sí misma y con estrategias de dominación para el absurdo. Proponía buscar el equilibrio ante el dolor y el sufrimiento y que la vida no supusiese anestesiarse ante eso ni eliminase componentes fundamentales e inexorables de la vida como la guerra, el dolor, etc…

    Más aún, Cioran2 con su ilimitado nihilismo, en el que vivir era una maldición y el miedo a la Muerte inducía a ridículas búsquedas de sentido que engendraban religiones y filosofías de éxtasis y absolutos. Proclamaba, además, que el malestar debía ser narrado, declaraba no solo el sinsentido, sino que había que escribir de tal forma que se acercase con el lenguaje a la sospecha del vacío existencial. Decía que el lenguaje generaliza y olvida las singularidades y eso se naturaliza con lo que se pierde fiabilidad, se olvida y privilegia.

    Otros autores más actuales como el surcoreano Han3 inciden en una sociedad actual, intolerante al dolor, que buscaría una falsa felicidad y positividad, en una sociedad que evita el conflicto (algo que es natural) y que vive de espaldas a la muerte y al sufrimiento acaba instaurando una sociedad anestesiada y paliativa.

    El propio Séneca4 describe que debe aceptarse la Muerte para poder vivir mejor y no estar muertos antes de morir, la Muerte no es un bien ni un mal, es lo último, “si lloramos a los muertos podemos llorar a los que no han nacido”.

    Hay que insistiren que, según el budismo, la búsqueda de lo que entendemos como Placer (frugal) conduce al sufrimiento al ser algo externo, nos apegamos a él y no lo podemos controlar: es egoísta,  efímero y produce adicción. 

    En fin, es preciso recordar que el sufrimiento (como las heridas de la vida) puede ser una etapa (y terapia dolorosa pero necesaria) previa a una gran apertura para que se haga una nueva luz vital. Y que el Placer y el Dolor no solo es lo que se experimenta en un envase orgánico, sino en la interpretación del mundo y en la totalidad de la que formamos parte; más allá de la satisfacción de necesidades físicas, los humanos también  podemos estirarnos a la memoria, a la atención y a la proyección (pasado, presente y futuro). Y si se asume la inexistencia metafísica se podría construir una realidad, un mundo que merezca la pena de ser vivido, reconociendo la precariedad de toda fundamentación y reformulando los conceptos fundamentales (como la Verdad, Justicia, Buen vivir, Libertad…) sin prejuicios, sin dogmas, quizá de abajo a arriba u horizontalmente, para romper falsas ilusiones, siendo conscientes de dónde venimos, de lo que somos y normalizando todo lo que está intrínsecamente asociado a  nosotros, aceptándolo de forma proporcionada, es decir, naturalizándolo más cuánto más natural, irremediable e intrínseco a nosotros sea…

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https://pijamasurf.com/2021/07/que_hacer_despues_de_dios_sobre_la_filosofia_de_peter_sloterdijk/

https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/17964-emil-cioran-sobre-el-origen-del-fanatismo.html

https://www.filco.es/byung-chul-han-intolerancia-al-dolor/

https://www.filco.es/6-claves-pensamiento-seneca-pesimismo-estrategico/

https://pijamasurf.com/2020/11/cientifico_explica_por_que_perseguir_el_placer_nos_hace_adictos_al_sufrimiento/#:~:text=A%20grandes%20rasgos%2C%20la%20b%C3%BAsqueda,se%20vincula%20con%20la%20felicidad.&text=Lustig%20observa%20que%20existe%20una,que%20la%20serotonina%20las%20relaja.

Imágenes:

https://www.pexels.com/es-es/foto/mar-paisaje-naturaleza-playa-3932702/

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