El arte en el período de entreguerras: el realismo americano de Edward Hopper
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El arte en el período de entreguerras: el realismo americano de Edward Hopper

Ana Reina nos acerca al realismo americano a través de la figura de Edward Hopper.

Ana Reina Gallego | 11 sep 2022

    La evolución de la pintura, a principios y a mitad del siglo XX, se correspondió con un cambio de mentalidad en los artistas. Comprendieron que el arte que se estaba realizando no tenía cabida en unos años de dolor y tristeza inimaginable, donde las guerras y los intereses de algunos, llevaron al mundo a participar en algo tan terrible. Estos artistas pensaron que la mejor manera de cambiar esta situación fue, precisamente, otra transformación, pero en el campo artístico, cultural y mental de la sociedad. Para ello, variaron el lenguaje formal, técnico y material en sus expresiones artísticas. En los años anteriores a la I Guerra Mundial hubo un proceso de cambios en la visión del individuo, en el concepto de espacio y tiempo y cómo se debía representar la realidad. Buscaron nuevas formas y propuestas que dieron respuesta a la pesadumbre causada por los cambios sociales y los ambientes prebélicos como la pintura metafísica de De Chirico, el dadaísmo de Max Ernst o surrealismo de Dalí. Entre los artistas hubo pensamientos con cuestiones similares como las dudas que les surgieron de los valores tradicionales, y del propio concepto de arte. Rehuyeron de las clases sociales dominantes. No quisieron representar el mundo real, revolucionaron con su arte, y con un lenguaje y contenidos originales. Las vanguardias artísticas rusas se adhirieron a la revolución política en la figura de la Proletkult en el que reunieron a artistas como Kandinsky, Tato, Malevich, Gabo. Esta figura, que fue utilizada como concepto de artista proletario, dio paso al suprematismo, al constructivismo y al productivismo. Las primeras experimentaciones de vanguardia de los primeros años del siglo XX dieron con la aparición de la abstracción y el resurgimiento de la autonomía de la pintura, desapareciendo la representación de la realidad por completo. Buscaron un cambio en el sistema del arte que rompiera con el orden establecido, e imaginaron un arte universal, alejado del individualismo y de la subjetividad. Mientras en Rusia se desarrollaba este arte revolucionario de 1917, se iniciaba en Holanda el Neoplasticismo, llamado constructivismo holandés por ser un arte paralelo al arte soviético. Kandinsky fue el iniciador de la abstracción en pintura y Piet Mondrian fue el que puso las bases teóricas para llegar al neoplasticismo. En ese rechazo del poder y deber social del arte, los artistas de la Bauhaus sintieron un compromiso hacia la sociedad, pero cada uno de ellos lo expresaba de una forma diferente. En Alemania se dio paso a una nueva objetividad, una reacción en contra del expresionismo, surgido tras la posguerra y el pesimismo de la sociedad, dando paso un arte más directo, duro y objetivo como el de George Grosz. En Estados Unidos, sus artistas estuvieron comprometidos con un arte nacional y de temática realista como Edward Hopper. Su principal objetivo fue la representación del lado oscuro de la ciudad y la pobreza. En la siguiente imagen se ve una obra del pintor que vamos a analizar.

Interior, 1925

    Interior (1925, acuarela y gouche sobre grafito en papel marfil, Art Institute Chicago) es un cuadro de Edward Hopper (1882-1967). La protagonista de este cuadro es Jo Hopper, la mujer de Edward Hopper (1882-1967). La retrata desnuda en una habitación de un hotel de Santa Fe, Nuevo México. Lugar donde pasaron un año nada más casarse en 1924. La habitación es austera y vulgar, perfecta para encontrar ese ambiente frío que Hopper desea retratar en todas sus obras. Jo se encuentra, entre la silla y la cómoda, muy apretada, mientras sostiene un libro entre sus rodillas, abstraída en su lectura. En frente, el espejo solo refleja su gran cabello negro. La vista de la escena se encuentra al otro lado de la cama, dando a la imagen una apariencia voyerista. La diagonal de la cama que corta el pie de la mujer se encuentra en un primer plano y hace que Jo se aleje de nosotros y de su marido. Está aprisionada pero ensimismada en su mundo. Lee un texto que la absorbe, pasando el tiempo como puede. Hay poco mobiliario, solo lo imprescindible.

La autómata, 1927

    Tras las Primera Guerra Mundial, muchos artistas americanos volvieron a nuevas formas de realismo que evidenciaron la rutina y la futilidad de la vida urbana y rural americana. Edward Hopper (1882-1967) fue uno de los mejores pintores de la American Scene. Creó universos desconsolados de calles monótonas, casas oscuras, habitaciones incómodas y restaurantes deprimentes como el caso de La autómata (1927, óleo sobre lienzo, Des Moines art Center, Iowa. Colección Edmunson) donde una mujer sentada dentro de un restaurante de comida distribuida por máquinas automáticas es la misma imagen de la tristeza. Sin embargo, su sobria belleza formal compensa esa desolación que transmite el interior, la luz y la armonía de planos y espacios. Sabedor de la repercusión del arte abstracto, Hopper es el pionero del fotorrealismo de finales de los sesenta y principios de los 70. Edward fue el alumno avanzado de Robert Henri, profesor de la Escuela de arte de Nueva York, que defendía una temática realista y en el que su propósito primordial fue la representación de la pobreza y el lado oscuro de la ciudad. Estaban influidos por la pintura impresionista en la aplicación de la materia. Después de estudiar en el New York School of Art, viajó a París y a otras ciudades europeas. Se interesó por Manet o Pisarro. De Degas está influenciado para obtener su propio estilo de luces y sombras en las obras realizadas al regresar a su tierra. Sus pinturas están relacionadas con paisajes realistas rurales y la gran soledad de la ciudad. Robert Henri y varios artistas, denominados los ocho, llevaban la escuela Ashcan School, en un intento de emanciparse del arte tradicional europeo. Henri en Sobre la individualidad de las ideas y la libertad de expresión de 1909, demanda un arte norteamericano original, libre, sin copias de los estilos de arte consagrado en Europa. No importa el tema sino la obra final que defina la identidad nacional. Stuart Davis hizo una crítica sobre la escuela de Henri en 1945, como dato positivo resaltó su libertad creativa y su elección de alejarse del academicismo. Como lado negativo encontró que las cualidades técnicas desmerecían la pintura.

BIBLIOGRAFÍA:
-AQUINO, L. Los grandes genios del arte contemporáneo del siglo XX. Hopper. Madrid: Biblioteca el Mundo, 2005.
-CALVO SERRALLER, F., GONZÁLEZ GARCÍA A., Y MARCHÁN F. Escritos de arte de la vanguardia 1900. Madrid: Istmo, 2008
-CHIPP H. Teorías del arte contemporáneo: fuentes artísticas y opiniones críticas. Madrid: Akal, 1995.
-HARTT F. Historia de la pintura, escultura y arquitectura. Madrid: Ediciones Akal, 1989.


WEBGRAFÍA:
- https://www.artic.edu/artworks/14752/interior


IMÁGENES:
- https://www.moma.org/collection/works/80588
- https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Automat-edward-hopper-1927.jpg
- https://www.pinterest.com/pin/413205334532886374/

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