Abierto en Noches de jardín. Nº 0 (2018)
Noches de jardín

Abierto en Noches de jardín. Nº 0 (2018)

A raíz de años de recopilación de trabajos en el blog literaturauniversalvdp surge esta revista con un interés cultural, eminentemente literario pero también artístico y filosófico, abierto a la divulgación académica, tanto especializada como para aquellos autores que deseen iniciarse en la investigación y la reflexión.

Pilar Sánchez Laílla | 28 ago 2018

De las noches y el jardín...

Llueven estrellas de agua
sobre el jardín amarillo;
las hojas tiemblan la luz
de las lunas de estos siglos.

El cielo azul está negro
de tristezas y de fríos,
las flores son de otros árboles,
los pájaros de otros nidos.

Habrá, bajo un cielo claro,
un mágico paraíso
con flores rosas, con dulces
ruiseñores cristalinos...

La luna rosa está sola
naciendo en un abanico,
entre unos sauces de ensueño,
sobre el remanso de un río.

Éstos son árboles yertos,
éstos son nidos vacíos...
¡Nocturnos de primavera!,
¡fuentes, rosas, lunas, lirios!

... El oro triste y con lágrimas,
cuando el agua se ha dormido,
tiembla al paso de la brisa
con un temblor diamantino.

-Las dulces sienes con agua
saben de romanticismos;
un tono de corazones
melancólicos y místicos-.

Entonces el agua cae
sobre los ojos marchitos
y da sueño a las tristezas
y es amor y quita el frío...

Y hasta hace soñar con un
ruiseñor doliente y lírico,
que canta sobre la luna,
en el remanso de un río...

Juan Ramón Jiménez, Jardines lejanos

 

 

      En la tradición literaria desde el siglo XVI el jardín solía denominar un tipo de literatura miscelánea en la que tenía cabida la creación literaria más variada y la erudición. En esa línea de pensamiento híbrido y erudito del Jardín de flores curiosas de Torquemada surge esta publicación. Un periódico o revista digital de investigación y divulgación que, como aquellas misceláneas humanistas, esté cercano al ensayo, al apotegma y a la novela destinada a la difusión de la cultura y al entretenimiento del público.[1]

    El Barroco perpetuó la imagen del jardín no solo como metáfora para designar a la literatura miscelánea, sino también como un lugar real, una natura naturata,[2]donde dar cabida a fiestas, certámenes literarios, exposiciones de cuadros y esculturas o incluso representaciones teatrales al aire libre. Las reuniones académicas en el Barroco no eran sino en cuentros de nobles de carácter festivo que se amenizaban con lecturas, certámenes literarios y representaciones con las que los asistentes trataban de llenar el tiempo y huir de la ociosidad que conlleva el aburrimiento. De este tipo de reuniones dio cuenta la nueva concepción del género misceláneo en el Barroco con obras tan variadas entre las que cabe destacar las  Fiestas del jardín de Castillo Solórzano, la Corte en aldea y noches de invierno de Rodríguez Lobo, el Para todos de Montalbán o los Cigarrales de Toledo de Tirso de Molina. Especialmente en Aragón durante el siglo XVII proliferaron las academias literarias que originaron numerosos certámenes y justas literarias y que también tuvieron su reflejo en algunas de estas misceláneas también denominadas "novelas académicas".[4]
 
De este modo el jardín barroco entroncaba con la tradición clásica y filosófica de la academia platónica, lugar preferido por los filósofos platónicos y aristotélicos para la reflexión[5]. Para la divulgación del saber hoy comienza nuestra andadura por estas páginas.
 
     Y el marco ideal del jardín, en especial en este periodo estival no podía ser otro que la noche. El momento de reposo, propicio a la fiesta y a la creación influenciada por ese reposo de la racionalidad al que incita el sueño que tan bien supieron explorar los surrealistas. Además la noche es un homenaje personal a un autor aragonés del Barroco hasta hace poco en la sombra: el bilbilitano Matías de Aguirre, autor de la Navidad de Zaragoza (1654), miscelánea académica como estas de las que venimos hablando que introdujo la novedad de servir los platos de su creación repartidos precisamente en noches a modo de capítulos: 

Trabajé buscando alguna novedad que captara tu benevolencia en su disposición. No la hallé, que han llegado a lo sumo los ingenios y para adelantarme es muy limitado mi discurso. Muchas noches de invierno habrás leído, pero de invierno más templado, estas, en esto a lo menos, a -todas harán ventajas, pues son más que todas frías, acomodadas por eso al tiempo con más propiedad. No dudarás que quisiera darte las buenas noches; siendo de Navidad, una ha de ser buena por fuerza y no tengo más obligación, que hacer una y buena basta para desempeño. Cenas espléndidas te ofrezco en variedad de manjares para que desquites la desazón de lo mal guisado en el sainete de lo mucho, -si es sainete el ser mucho lo mal guisado-. Come, no muerdas, deja el manjar que te pareciere duro y si te lo parecieren todos, no te tengas por convidado.

                                                                         (Preliminares, pp. 9-10) [6]
 
Así pues, guiados por la tradición barroca y por este espíritu misceláneo, quedáis invitados a estas Noches de jardín.

 


[6] Mª Pilar Sánchez Laílla, Edición y estudio de la Navidad de Zaragoza (1654) de Matías de Aguirre, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2015, versión digital disponible en https://zaguan.unizar.es/record/31900/files/TUZ_0747_sanchez_edicion.pdf.

 


[5]La imagen del jardín es tópico de la poesía gongorina y hay que enmarcarlo en el contexto de las academias literarias. “El palacio de la primavera” de Góngora acaba convirtiéndose en el Barroco en escenario fundamental, tanto para la poesía descriptiva como para el teatro. El jardín es escenario ideal en el que se funden naturaleza y arte, siguiendo los tópicos de la natura naturans y natura naturata. Es visto, además, como una estancia, un lugar cerrado (hortus conclusus) en el que los sentimientos del poeta se proyectan. Esta idea está bien presente en el Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos de Pedro Soto de Rojas como señala en el estudio preliminar de su edición Aurora Egido (Madrid, Cátedra, 1981, pp. 22-46).Para todas estas cuestiones véase José Enrique Laplana (coord.), La cultura del barroco. Los jardines: arquitectura, simbolismo y literatura. Actas del I y II Curso En torno a Lastanosa, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2000.

 

 


[4] Para todas estas cuestiones véase Aurora Egido, “Una introducción a la poesía y a las academias literarias del XVII”, op. cit. Allí explica cómo en Aragón destacaron algunas academias agrupadas en torno a un noble, como las del Conde de Aranda, el Conde de Andrade o el Conde de Lemos. Estas academias pretendían fomentar la cultura y huir de la ociosidad (recuérdese la academia “Pítima contra la ociosidad” fundada por el Conde de Guimerá en Frescano en 1608) (Willard F. King, Prosa novelística y academias literarias en el siglo XVII, op. cit., p. 65 y pp. 69-70). El influjo de las academias italianas se muestra a través del empleo de un marco narrativo como el del Decameron de Boccaccio, según se aprecia en obras misceláneas barrocas del mismo tipo que la que nos ocupa (véase también Aurora Egido, “De las academias a la Academia” en The Fairest Flower, Florencia, Presso l’Accademici, 1985).

 


[2] E. Orozco, "Ruinas y jardines. Su significación y valor en la temática del Barroco", Escorial, 35 (1943).Las ediciones  manejadas de las obras citadas son las siguientes: Ambrosio Bondía, Cítara de Apolo, ed. de José Enrique Laplana, Zaragoza, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2000; Alonso Castillo de Solórzano, Tardes entretenidas, ed. de Patricia Campana, Barcelona, Ed. Montesinos, 1992; Francisco Rodríguez Lobo, Corte en aldea y noches de invierno, traducido del portugués en castellano por Juan Bautista de Morales, Valencia, Oficina de Salvador Fauli, 1793 (ed. original en portugués de 1619); Juan Pérez de Montalbán, Para todos, Madrid, Imprenta del Reino, 1635 (primera edición de 1632. Edición moderna de José Enrique Laplana, Obra no dramática, Madrid, Biblioteca Castro, 1999); Tirso de Molina, Cigarrales de Toledo, Madrid, Viuda de Luis Sánchez, (edición moderna en Madrid, Castalia, 1996). El modelo de muchas de estas obras lo encontramos en el Honesto y agradable entretenimiento de damas y galanes, traducido por Francisco Truchado, Bilbao, Matías Mares, 1580 y Segunda parte del Honesto…, Baeza, Juan Bautista de Maya, 1581.


 

[1]“Esta literatura se configura así en la encrucijada del ensayo (discursos breves escritos en libertad compositiva), la novela (narraciones fabulosas de personajes ejemplares o singulares) y el apotegma (relato muy escueto, que a semejanza del chiste explota la agudeza […] y que vendrían a ser embriones de las novelas cortas)” (A. Rallo, “Las misceláneas: conformación y desarrollo de un género renacentista” en Edad de Oro, III (1984), p. 166. pp. 159-180).

 

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